Cuando la Igualdad sea efectiva, ya no será necesario celebrar el Día de la Mujer

Esther

Estos días hemos estado publicando en Digital Alternativo diferentes noticias en las que contábamos los distintos actos que se han organizado en Castilla y León para celebrar el Día de la Mujer. Esto me ha ayudado a reflexionar sobre la situación de las féminas a día de hoy.

Echando la vista a tras, me he dado cuenta de que las mujeres de la generación de mi abuela han luchado con uñas y dientes para que sus hijas tuvieran un futuro mejor y mayor calidad de vida; les preocupaba la educación de las niñas, ya que eso les permitiría tener un empleo fuera del hogar, lo que ya no sólo les proporciona poder adquisitivo, sino también autonomía y la toma de decisiones, no tenerse que ver acatando las de un hombre por el mero hecho de serlo.

Así también, las mujeres de la generación de mi madre, han continuado trabajando para tener un lugar y una posición en el mundo laboral y social… recogieron el guante y continuaron la labor de sus predecesoras. Poco a poco han ido ocupando puestos de responsabilidad en las empresas, aunque aún queda mucho para que el número de mujeres directivas sea equiparable al de los varones. Les ha tocado mostrar su valía a diario y enfrentarse a la “selva de asfalto”.

No obstante, al llegar a mi generación me encuentro que estamos perdiendo muchos de los derechos que gracias a ellas adquirimos. A pesar de estar mejor formadas, muchas no consiguen salir al mundo laboral y las que lo logran se ven peor pagadas que un hombre ante un mismo puesto de trabajo y mismas responsabilidades. Y ni que decir tiene las largas jornadas laborales a las que nos vemos sometidas; lo que dificulta, sin duda, la conciliación de la vida familiar y laboral.

Pero esto no es todo, la crisis está afectando de forma despiadada a las mujeres. Ahora, ante la falta de trabajo y una mayor competencia se encuentra volviendo a ocuparse del hogar, al igual que lo hacían nuestras abuelas, y muchas familias pasan a depender de un único sueldo o en el peor de los casos con los dos miembros de la pareja desempleados. Con esto no quiero, ni mucho menos, decir que a los hombres no les afecte el paro. Esta dedicación al trabajo doméstico en exclusiva está revirtiendo en una menor autonomía y mayor dependencia; además, por supuesto de un menor poder adquisitivo. A todas luces, estamos perdiendo parte del terreno conquistado.

Además, algo fundamental para obtener la igualdad real entre hombres y mujeres es paliar las situaciones de riesgo de exclusión social. Es más, según datos que ofrece Cruz Roja el 58% de los proyectos de intervención social de la ONG son mujeres. Es preciso que todas las mujeres que se encuentren en situación de riesgo tengan la oportunidad de formarse o reciclarse para poder optar a un puesto de trabajo y que puedan salir del pozo y ayudar a su familia. Hay que pensar que el empleo es más que dinero, es una forma de dignificar a la persona, y en este caso a la mujer.

Otro aspecto importante es la Dependencia, muchos de los cuidadores de personas dependientes son mujeres. Algunas ya se encontraban en situación de desempleo, y de ahí que se decidiera en la familia que fueran ellas las encargadas de velar por la persona que no puede hacerlo por si misma, y en otros casos no ha quedado más remedio que renunciar a un puesto de trabajo para cuidar a un familiar. Ojo, que esto no quita que lo hagan con todo el cariño y dedicación del mundo, y sin ningún pesar por la renuncia.  Pero sí sería más que necesario que se contaran con más ayudas a la Dependencia para que fuera más fácil conciliar el cuidado de un pariente y el trabajo fuera del hogar; ya que hay familias que reciben subvención, pero otros muchos casos no cuentan con apoyo económico.

Hemos reflexionado sobre tres generaciones de mujeres y nos queda la última, las adolescentes y jóvenes. Decirles que me he quedado helada al leer los datos que se desprenden de un informe en el que se decía que muchas chicas ven normal que su novio les controle el móvil, a donde van o con quien están… y que muchachos de entre 16 y 20 años no están dispuestos a colaborar en las tareas de la casa por considerarlas “cosas de mujeres”; cuando, por el contrario, hombres entre los 30 y 40 años, franja de edad en la que se encuentra mi marido, colaboran en estas labores y en la crianza de los hijos sin ningún complejo y lo ven como algo normal en la convivencia.

Esto hace saltar las alarmas dentro de mí y… en mi desasosiego continúo pensando ¿A qué se debe este hecho? Llego a la conclusión de que es un tema de educación dentro de la familia. Las madres de la generación de mi suegra han inculcado a sus hijos en “no ayudar, sino colaborar equitativamente junto a la mujer” dentro del hogar; les pedían a sus niños que hicieran la cama, pusieran el desayuno, limpiaran su cuarto… esas pequeñas cosas que van dejando una semillita para que desde pequeños fueran comprendiendo que significa una sociedad paritaria… una gran labor la que realizaron estas mujeres. No obstante, las madres y padres jóvenes de hoy, creo que esta función educativa la están dejando relegada a un segundo plano, a pesar de lo importante que es. Desde aquí, insto a que este modelo se vuelva a retomar de forma generalizada, ya que en algunos casos si se está realizando. Como se puede apreciar, en este sentido estamos también sufriendo un retroceso; debemos ponernos las pilas para solucionarlo y que no llegue a más.

Como se puede apreciar a lo largo de estas líneas, la situación de la mujer ha ido variando y el cambio, desafortunadamente, no ha sido para mejor.

Desde aquí y para finalizar esta personal reflexión, decir que sirva este texto de homenaje a las abuelas, quienes trabajaron para sembrar la semilla de la igualdad en esta sociedad.

Cuando la Igualdad sea efectiva, ya no será necesario celebrar el Día de la Mujer. Mientras tanto, bien venido sea.




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